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peregrinacion panoramica de tierra santa

La Nueva Jerusalén

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La Nueva Jerusalén

En la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, en los Padres de la Iglesia y en el pensamiento religioso y místico medieval, se hace constantemente alusión al tema de «Jerusalén» considerada en tanto que ciudad celestial y ciudad terrestre, con un puente entre ambas que las une.

Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios serán resucitados en Cristo, y lo que fue sembrado en debilidad y en corrupción, se vestirá de incorruptibilidad; y, permaneciendo la caridad y sus obras, toda aquella creación que Dios hizo a causa del hombre será liberada de la servidumbre de la ­vanidad» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 39).

En el Antiguo Testamento, varias profecías nos dicen que, cuando Cristo regrese a la tierra, Dios transformará y elevará la ciudad de Jerusalén actual convirtiéndola en capital del mundo entero (Joel 2 y 3 y Zacarías 12 y 14). Por otro lado, el Nuevo Testamento revela que una Nueva Jerusalén —distinta de la Jerusalén actual— está siendo preparada para el pueblo de Dios.

La nueva Jerusalén, que también es llamada el tabernáculo de Dios, ciudad santa, ciudad de Dios, ciudad celestial, ciudad cuadrangular y Jerusalén celestial, es, literalmente, el cielo en la tierra. Es mencionada en la biblia en varios lugares (Gálatas 4,26; Hebreos 11,10; 12,22-24; 13,14), pero se describe con todo detalle en Apocalipsis 21.

La descripción de la Nueva Jerusalén en el relato de Apocalipsis nos habla de una gran ciudad.

Iluminación: En Apocalipsis 21,9-10, vemos a un ángel mostrándole a Juan “la esposa del Cordero” y “la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios”. Luego, el apóstol nos dice que esta ciudad tiene “la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal” (v. 11). El brillo o resplandor de la ciudad es como el de una piedra preciosa traslúcida.

También describe que “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su luz” (v. 23). Es decir, la luz resplandeciente de Dios y Jesucristo iluminarán la ciudad entera. Pero esto no significa que el sol y la luna no existirán, sólo implica que la Nueva Jerusalén no necesitará de ellos para ser iluminada.

Un muro y puertas: Apocalipsis 21,12-13 revela que la ciudad tiene “un muro grande y alto con doce puertas” custodiadas por doce ángeles que llevan los nombres de las doce tribus de Israel. El muro de la Nueva Jerusalén se levantará aproximadamente 75 metros sobre sus cimientos (v. 17), estará completamente hecho de jaspe y cubrirá los cuatro lados de la ciudad. En cada lado habrá tres puertas o vestíbulos hechos con una perla enorme que, si están a la misma distancia unos de otros, ¡tendrán 600 kilómetros de separación!

Cimientos: Continuando con el patrón de nombrar ciertas partes de la ciudad con los nombres de personas a las que Dios ha elegido, los doce cimientos de la Nueva Jerusalén llevarán los nombres de los apóstoles (Apocalipsis 21,14). Cristo había anunciado que sus doce apóstoles gobernarían sobre las tribus de Israel (Lucas 22,28-30). Y, en Efesios 2,20, vemos el paralelo espiritual aplicado a la Iglesia de Jesucristo, que está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Jesucristo mismo”.

Tamaño: En Apocalipsis 21,16 leemos que “La ciudad está construida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales”. Según algunas investigaciones, las dimensiones descritas en este pasaje son realmente impresionantes —¡la ciudad mide cerca de 2.400 kilómetros por cada lado!

Y su altura también es extraordinaria, alcanzando los mismos 2.400 km. Una ciudad con forma de cubo de 2.400 km por lado.

Materiales de construcción: “El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa…Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle [plateia, mejor traducido como una explanada] de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Apocalipsis 21,18-21).

Nuestras leyes físicas jamás permitirían construir una estructura de esta altura. Pero, si bien la Biblia menciona varios materiales de construcción que nos son familiares, la Nueva Jerusalén parece ser una ciudad espiritual y, por lo tanto, no se rige por las leyes físicas que conocemos.

Es por esto que Juan la describe como una ciudad pura y traslúcida. Pero, al no tener otras palabras, el apóstol recurre a términos conocidos para relatar su visión; claramente, Juan reconoce una serie de materiales diferentes, pero, al mismo tiempo, la ciudad es mucho más de los que nuestros ojos humanos hayan visto alguna vez.

Una ciudad dinámica: “Y las naciones…andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche” (Apocalipsis 21,24-25).

Pero, aunque no sabemos todo acerca de la futura ciudad santa de Dios, podemos confiar plenamente en lo que David describe por inspiración divina: “en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16,11). ¡Es esto lo que nos espera en la Nueva Jerusalén!

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