Los amantes de la historia tienen un lugar imprescindible en Jericó, una ciudad que lleva más de diez siglos habitada y que aparece en setenta pasajes de la Biblia. Jericó es una ciudad palestina ubicada en Cisjordania, a tan solo 25 kilómetros de Jerusalén. La ciudad, levantada en el valle del Jordán, creció a orillas del río y se encuentra a 240 metros por debajo del nivel del mar. ¡Una característica única!
Hay tres Jericós. La ciudad mencionada en el AT estaba situada sobre un monte a unos 2 km. al noroeste de la ciudad moderna. La Jericó del NT está en las cercanías, pero sobre una elevación más alta. La Jericó moderna tiene una población de más o menos 10.000 personas de una descendencia racial bastante mezclada.
La moderna Jericó se alza sobre la ciudad creada por los cruzados en el siglo XI, junto a la colina de Tall Al-Sultan donde los arqueólogos han hallado restos de asentamientos de más de 10.000 años que le confieren el título de ciudad habitada más antigua del mundo, junto a Damasco y a Biblos, ciudad donde nació el alfabeto. Una ciudad que fue ocupada por Israel en 1967 y también la primera ciudad que pasó al control del pueblo Palestino bajo los acuerdos de Oslo de 1994. Fue ocupada años después por Israel y desde 2005 permanece nuevamente en Palestina.
En el centro de la ciudad moderna podemos ver un histórico árbol. El árbol en cuestión es un sicomoro de más de 2.000 años de antigüedad, situado en la plaza Al- Jummmezeh. La tradición dice que en este se subió el personaje bíblico Zaqueo para ver a Jesucristo
Jericó se encuentra a 240 metros por debajo del nivel del mar Muerto en la depresión del río Jordán, siendo considerado el sitio más bajo habitado del mundo. Existe un microclima tropical, donde crecen las balsameras, los granados, los sicomoros e incluso las famosas rosas de Jericó que son consideradas extraordinariamente bellas. Ha sido descrita en la Biblia como «ciudad de las palmeras» debido a la profusión de estos árboles y a la fama que ya entonces tenían sus exquisitos dátiles. Sus primeros pobladores conocidos fueron los natufienses, una cultura anterior al 9.000 a.C. El nombre de la ciudad, Jericó, parece ser que tiene su origen en la palabra Luna que en hebreo se dice «Yerijó».
Los primeros habitantes de Jericó, que levantaron las primeras construcciones y plantaron los primeros cultivos, fueron los cananeos, hace más de diez mil años. Los yacimientos arqueológicos de Jericó revelaron que la ciudad ha estado habitada por varios pueblos a lo largo de su historia: romanos, bizantinos, musulmanes y otomanos.
Visita obligada es un monasterio ortodoxo que domina la ciudad, anclado en el Monte de las Tentaciones, construido a una altura de 350 metros sobre el nivel del mar. El monasterio data del siglo IV, durante el reinado de la emperatriz Elena, madre de Constantino, y se levanta sobre la antigua gruta, donde según la tradición se encontraba Jesús. En la iglesia se pueden admirar iconos que representan a Jesús, la Virgen María y numerosos santos. Una piedra indica el lugar tradicional de la primera tentación de Jesús. Aquí, según la tradición, Jesús rechazó las tentaciones del diablo diciendo: “Está escrito: No solo de pan vive el hombre, al Señor tu Dios, adorarás; a él solo adorarás, no pondrás al Señor tu Dios a prueba”. (Lc 4, 4; 8; 12)
En 1895 se construyó un monasterio greco-ortodoxo sobre la iglesia, que consta de treinta habitaciones, algunas de las cuales están excavadas en la roca. Sus balcones parecen suspendidos en el aire.
La panorámica desde aquí es realmente magnífica. Un verdadero oasis enmarcado entre las montañas abruptas del Desierto de Judea por las que hemos llegado, el Valle del Jordán y Jordania de fondo y el Mar Muerto a pocos kilómetros. Sin duda uno de los lugares privilegiados de este mundo desde un punto de vista natural e histórico, con 113 yacimientos de incalculable valor histórico incluido de sus antiguas murallas. Hay un funicular para llegar al Monasterio. Este funicular “sobrevuela” el lugar habitado más antiguo de la tierra, las ruinas se pueden visitar, pero desde el aire se tiene una visión perfecta, datan desde el 9.600 a.C. al 7.000 a.C. los arqueólogos han hecho una excelente labor descubriendo capas de ciudades y asentamientos humanos realmente magníficas, anteriores a los propios cananeos.
¡¡Y decimos que la labor ha sido magnífica porque Jericó ha sido derruida y reconstruida hasta !!23 veces!! según los historiadores, con el paso de grandes figuras como Alejandro Magno, Herodes El Grande o los grandes califas árabes o turcos.
Imprescindible, también, es la visita a los restos de la muralla. Las gentes que vivieron en este poblado ya conocían la agricultura y cultivaban trigo y cebada en los muy fértiles terrenos circundantes. El poblado acogía en torno a 500 personas, una cantidad muy elevada para esta época. La más impresionante de estas estructuras fue un inmenso muro que rodeaba todo el poblado. Tenía 5 m de alto y 3 m de ancho y fueron necesarias unas 10.000 toneladas (9.070 toneladas métricas) de materiales de construcción para levantarlo. Delante del muro había un foso de 8 m de anchura. En la actualidad todavía se conservan muchos lienzos del muro.
Como si todos estos logros no fueran suficientes, los habitantes de Jericó también construyeron una sólida torre de piedra justo por dentro del muro. La torre se alza a 11 m de altura y tiene una anchura de 9 m en la base. Para alcanzar su cima, plana, los habitantes del poblado construyeron una escalera. Edificaron la torre tan bien que todavía sigue en pie, 10.000 años después.
En la Biblia podemos leer el relato de la caída de esta muralla. En aquel tiempo Jericó era una ciudad sitiada por Israel, donde nadie podría entrar o salir, Josué recibe instrucciones de Dios de rodear Jericó durante siete días.
Los Israelitas rodearon Jericó una vez al día durante seis días, y en el séptimo marcharon alrededor de la ciudad siete veces y en la séptima vuelta, los sacerdotes hicieron sonar las trompetas y los israelitas las personas lanzaron su grito de guerra haciendo que las murallas de Jericó cayeran totalmente, así los Israelitas atacaron la ciudad y le prendieron fuego. Este pasaje hace referencia a la fuerza de la oración que es capaz de romper murallas exteriores e interiores de sufrimientos.
Se puede ser escéptico, creyente o ateo, pero contemplar las montañas al atardecer te envuelve y conforta. En todo caso, no dejan indiferente a nadie.










