El cristianismo llegó al Líbano hace dos mil años, siguiendo las huellas del Profeta de Galilea. El propio Jesús visitó el Líbano, convirtiendo el agua en vino en Caná, al sudeste de Tiro, y sanando a la hija de una mujer de Fenicia. Cerca de Sidón se encuentra una casa-gruta convertida en iglesia, dedicada a Sayyidat al Mantarah (Nuestra Señora de la Guardia). San Pablo visitó y permaneció en el Líbano en varias ocasiones, y a finales del siglo II la región se convirtió en sede de un obispo cristiano. El cristianismo ha estado ligado al Líbano desde los primeros tiempos y sigue jugando hoy un papel esencial en su cultura y sociedad, con numerosos monasterios que cubren su paisaje.
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