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Qué objetivo tenían las peregrinaciones

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Qué objetivo tenían las peregrinaciones

Muchas veces hemos podido plantearnos ¿qué objetivo tenían las peregrinaciones?

Peregrinus fue un término utilizado en el Imperio romano desde el 30 a. C. hasta el 212, significa literalmente extranjero, es decir una persona que se halla en tierra extraña y alejado de su tierra, costumbres, lengua, etc. En los siglos I y II, la vasta mayoría (80-90%) de los habitantes del Imperio romano eran peregrini

Pero más allá de este concepto, se considera el fenómeno de la peregrinación como el viaje a un santuario por motivos religiosos.

¿Qué significa peregrinar?

Según una tradición común a todas las religiones el fiel creyente busca fuera de su realidad cotidiana el encuentro con lo sobrenatural.

Tal es el caso de la peregrinación de los musulmanes a la Meca (lugar de nacimiento de Mahoma), de los judíos a Jerusalén, de los hindúes a Benarés (Durante el Kumbh Mela millones de peregrinos se bañan en el río Ganges -el río sagrado más importante para los hindúes- para limpiar sus pecados y atraer la salvación de su alma), de los budistas a Bodh Gaya, y, por supuesto, de las realizadas por los cristianos. Para éstos, un motivo importante es la existencia de reliquias de santos y mártires. Las razones más importantes de las peregrinaciones cristianas fueron y son la devoción religiosa, la intención de obtener salud corporal o espiritual y la expiación de pecados, incluyendo aquí el obtener la indulgencia plenaria.

Por tanto, como hemos visto, aunque el fenómeno de las peregrinaciones es emblemático de la Edad Media europea, para nada es exclusivo ni de ese tiempo, ni de ese territorio, ni siquiera de la religión cristiana.

Podemos decir que la veneración -no adoración pues sólo se adora Dios- de las reliquias es constante a lo largo de la historia cristiana pues los fieles recuerdan a hombres y mujeres de todos los tiempos que han testimoniado, de modo especial y heroico, su amor a Cristo y su fidelidad a la fe, incluyendo en la mayoría de los casos el ofrecimiento de su propio martirio.

Además de los siete Sacramentos instaurados por Cristo, la Iglesia estableció los sacramentales que se pueden definir como signos sagrados, muchas veces con materia y forma, por medio de los cuales se reciben efectos espirituales y que son actos públicos de culto y santificación. Pueden ser «cosas» o «acciones», por la intercesión de la Iglesia. Un sacramental bien conocido por la mayoría es el agua bendita. Dentro de la categoría de sacramental entran los restos mortales de los santos u otros objetos vinculados con Jesús o la Virgen. De ahí que la Iglesia siempre ha aprobado su veneración.

En el Cristianismo Católico y Ortodoxo no sólo se ora al Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo sino también a la Virgen María y a los santos como intercesores. Las gracias y bendiciones sólo las puede dar Dios, pero pueden ser obtenidas a través de la intercesión de los que viven junto a Él en su amistad (su Madre, los apóstoles, mártires, santos y ángeles)

Las más antiguas peregrinaciones cristianas tenían como destino tanto Roma y Tierra Santa como a las tumbas de los mártires y a los principales lugares santos mencionados en los Evangelios y el Antiguo Testamento.

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¿Cuándo se iniciaron las peregrinaciones?

Las Peregrinaciones se iniciaron en la Iglesia católica antes de la paz otorgada por el emperador Constantino en el 313, aunque aumentaron considerablemente cuando la Iglesia gozó de paz y libertad en el Imperio Romano La más famosa de las peregrinas de esa época fue una española de nombre Egeria, quien nos narra cómo se celebraban estas peregrinaciones en Tierra Santa en el siglo IV.
Las peregrinaciones en honor a la Bienaventurada Virgen María cobran fuerza entre los siglos V-VII principalmente en Nazareth.

Pero, no será hasta los siglos XIV-XVII cuando lograron su más alto esplendor y participación. Fueron un fenómeno bastante generalizado y que sirvió de motor de evolución y transformación de la sociedad de Europa.

La peregrinación se utilizaba también, durante la Edad Media, como una pena, impuesta habitualmente por los tribunales eclesiásticos, para aquellos acusados de haber cometido adulterio. Incluso se les obligaba a vestir con signos distintivos de su falta (las mujeres, con sayas blancas).

Las mujeres quedaron excluidas de las primeras peregrinaciones. No fue hasta el siglo XI cuando se empezó a aceptar a las peregrinas, gracias en gran parte al ascenso de religiosas como la española, Egeria, Hildegarda de Bingen y Clara de Asís. Estas importantes mujeres ayudaron mucho a allanar el camino a las peregrinas que querían participar en esta práctica religiosa.

Algunos estudiosos creen que podemos considerar como primeras peregrinaciones las que realizaron los discípulos de Jesús a Jerusalén tras su muerte y resurrección. Este acontecimiento se conmemora cada Pascua en el Vía Crucis de la Vía Dolorosa.

Con el tiempo, surgieron otros destinos populares de peregrinación, además de Jerusalén, como Roma (para visitar la tumba de San Pedro) y Compostela, en España ,(para visitar la tumba de Santiago) pero hubo otros muchos lugares que fueron visitados también, normalmente ligados a la existencia de reliquias. Estos lugares de peregrinación se conocieron como «Santuarios de la Compasión», donde los cristianos podían recibir indulgencias por sus pecados. Por ellos transitaron tanto religiosos como laicos, poderosos y humildes de un sinfín de pueblos y naciones.

No se trataba de ir a encontrar a Dios, o a la Virgen o a los santos. Dios siempre está con nosotros y la intercesión de María Santísima y de los santos es constante. No, se trataba ante todo de ir a un lugar donde el peregrino, sentía de una manera en especial esa providencia, esa intercesión siempre perenne de Dios, de la Virgen, de los santos.

En la actualidad, la Iglesia ha encontrado en los últimos Papas el modelo de los peregrinos, que nos recuerdan que el cristiano es ante todo un peregrino en la tierra y que la Iglesia misma es un pueblo peregrino .

¿Qué nos ofrecen las peregrinaciones?

La Peregrinación nos ofrece la posibilidad de reencontramos con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad pasajera en este mundo. Pero la principal característica de peregrinar es la forma festiva y gozosa que entrañan estas peregrinaciones, que ha de recordarnos que nuestro peregrinar hacia Dios no debe, ni puede ser lastimoso ni triste.

Las peregrinaciones favorecen la práctica de los valores cristianos, estimulan un culto total a Dios (ver, oír, cantar, escuchar, tocar, convivir, etc.) Nos dispone a ser agradecidos y ante todo nos recuerda nuestra hermandad y la necesidad de una salvación comunitaria.

¿Cómo se realizan las peregrinaciones?

El modo de hacer una peregrinación ha variado con los siglos y con los lugares, pero básicamente ha mantenido su fisonomía. Antiguamente se hacía así:

  1. Se reunían los peregrinos en un lugar sagrado: templo, monasterio, santuario.
  2. Escuchaban la Palabra de Dios. La Iglesia resaltaba así que la Palabra de Dios es guía para nuestros pasos. Nos abre el camino en la vida y nos convoca y dirige en todo momento y circunstancia.
  3. Se impartían charlas catequéticas sobre el sentido de la peregrinación.
  4. Recibían la Bendición para partir.
  5. Los peregrinos se ponían en camino, orando, cantando, conviviendo, conociendo.
  6. La Peregrinación no concluía al llegar al santuario o meta de la peregrinación y de participar en los actos de Litúrgicos o de devoción. Se trataba y debe tratarse todavía de » recargar las baterías de nuestra fe » de cobrar nuevo vigor e impulso para llevar y hacer presente la gracia de Dios al volver a casa. Entusiasmar y alegrar a los miembros de la familia, de la comunidad que no pudieron asistir. Se trata, ante todo, de infamarnos en el propósito de extender el Reino de Dios: Una nueva evangelización nueva en su impulso, nueva en sus métodos, nueva en su ardor (San Juan Pablo II).

En la actualidad, las peregrinaciones siguen siendo una tradición popular entre los cristianos de todo el mundo. Cada año, millones de personas realizan algún viaje a los principales lugares sagrados como Jerusalén, Roma y Compostela; y a muchos otros lugares de importancia espiritual o religiosa. No podemos olvidar los innumerables santuarios marianos que reciben anualmente miles de peregrinos.

De hecho, según algunas estadísticas, hablan de que 1 de cada 10 europeos, creyentes y no creyentes, ha peregrinado al menos una vez en su vida. Y parece que este número sigue creciendo, ya que muchas personas buscan crecer en su fe pero también con el mundo de una manera más profunda y personal.

Aunque las razones para hacer una peregrinación pueden haber cambiado a lo largo de los siglos -desde buscar el perdón de los pecados hasta simplemente profundizar en la fe-, la tradición sigue siendo una parte importante de la vida cristiana actual y en esta época de prisas y velocidad la peregrinación promete un viaje al interior de cada individuo. El ritmo de los pasos tiene algo que invita a la meditación. En las largas marchas a pie se abren áreas del alma que permanecen cerradas para la conciencia.

Tanto si quieres profundizar en tu fe como si quieres conocer lugares históricos de primera mano, hacer una peregrinación es una forma estupenda de conectar con tus raíces religiosas, con tu fe y con otras personas.

¿Te animas a peregrinar con nosotros?

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