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¿Cuántos Lignum Crucis hay en el mundo?

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¿Cuántos Lignum Crucis hay en el mundo?

¿Qué es un Lignum Crucis?

Se conoce en la cristiandad como lignum crucis al “leño de la cruz” en el que murió Jesucristo; y, por extensión, a todo fragmento proveniente de la Vera Cruz hallada por Santa Elena entre los años 325 a 327, en el Gólgota de Jerusalén.

La Cruz se hace, a partir de este momento, símbolo universal de la Iglesia, frente al crismón o al buen pastor anteriores. Santa Elena dividió -al menos- en dos trozos (igual hizo con el titulus) el madero de la Cruz, quedando inicialmente uno en Jerusalén y llevándose consigo el otro a la capital imperial.

Lignum Crucis en el mundo

Hay narraciones acerca de trozos de la cruz desde fines del siglo IV, cuando se comenzó la repartición de fragmentos de ella. Las de las iglesias eran conservadas en cajas llamadas “estaurotecas” que tenían forma de cruz y tenían al centro un vano para colocar la reliquia. Sobre el vano se solía poner una piedra preciosa que impedía el contacto visual con el trozo de madera. Desde el siglo VI las estaurotecas colocan un cristal en vez de la piedra.

Las más famosas estaurotecas son: la de Limbourg (datada en el siglo X), la de la Catedral de Cosenza y de la Catedral de Nápoles (siglo XII). También tiene renombre la de la Catedral de Génova (siglo XIII). De los fragmentos más importantes que existen en el mundo, y que son considerados auténticos, varios se encuentran en Italia: en Roma hay un lignum crucis, nada menos que de 571 cm3, otro en Venecia, 476 cm3. El total de todos los trozos que se encuentran en Italia, suma casi un tercio del total de todos los fragmentos conocidos. Entre los de Roma, podemos citar los tres grandes trozos custodiados en la Santa Cruz en Jerusalén y la Cruz de Justino, que contiene dos, una magnífica pieza de orfebrería del siglo VI recientemente restaurada y expuesta en el tesoro de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. El volumen total de estos 5 fragmentos contenidos en las dos estaurotecas citadas es de unos 185 cm3.

Hay muchos, muchísimos fragmentos de la Vera Cruz en el mundo. Es difícil encontrar un convento, una basílica u otro lugar de culto que no tenga su fragmento del ‘lignum crucis’, a veces casi microscópico.  Juan Calvino decía en su obra ‘Traité des reliques’ que si juntásemos todos estos trozos de la cruz podrían formar el cargamento de un barco. Aunque en realidad, según los cálculos hechos en el siglo XIX por Charles Rohault de Fleury (y refrendados ya en nuestro siglo por Michael Hesemann), la cruz original tendría un volumen de 36.000 centímetros cúbicos y los trozos de más de un centímetro documentados apenas llegarían a los 4.000, ni el 10%.

España atesora una veintena de Lignum Crucis. Entre ellos los más importantes son los de Santo Toribio y Caravaca.

El mayor fragmento de la cruz de Jesucristo que se conserva en el mundo se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria, España. La tradición lo relaciona con el origen del monasterio, pero lo más verosímil es que este lignum crucis de Santo Toribio de Liébana llegase a Liébana al mismo tiempo que los restos de Santo Toribio de Astorga, alrededor del siglo VIII. Era guardián de las reliquias de Cristo en Jerusalén y llevó la reliquia a Astorga, habiendo sido posteriormente trasladada a Liébana para ponerla a salvo de los musulmanes (siglo VIII). Desde entonces es lugar de peregrinación y veneración de la Santa Cruz-

El origen del lignum crucis de Caravaca es incierto, aunque pudieron traerlo los templarios de la iglesia de la Vera Cruz, en Segovia, hacia 1232, cuando se les encomendó la defensa de la comarca. Esta Orden recibió de Alfonso X el Sabio la bailía de Caravaca, y permaneció durante algunas décadas en el noroeste murciano. Once años después de la aparición de la Cruz, ésta sirvió de bandera y talismán contra ulteriores ataques musulmanes, con ello, Caravaca se consolidaría como bastión de la frontera hispano-árabe.

Actualmente la Cruz de Caravaca es custodiada por la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz en la Basílica de la Vera Cruz y celebra, concedido por S. Juan Pablo II y a perpetuidad cada siete cursos, un Año Santo-Jubilar. La Sagrada Reliquia fue foco de peregrinación ya desde el siglo XIV recibiendo hoy día millones de fieles siguiendo el faro de la Cruz.

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